Elisenda QUERARLTÂ
 Eran pasadas las nueve, cuando como cada noche, Pablo se deslizó en la cama de su madre y se acurrucó a su lado. ¡Cómo disfrutaba de aquel calor tan familiar y a la vez tan especial!.
Elisenda QUERARLTÂ
 Eran pasadas las nueve, cuando como cada noche, Pablo se deslizó en la cama de su madre y se acurrucó a su lado. ¡Cómo disfrutaba de aquel calor tan familiar y a la vez tan especial!.
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